POEMAS DE Lucas Rolim

© Peter Castetlon

[AS DORMIDEIRAS SE AJUNTAVAM]

As dormideiras se ajuntavam
no útero coberto pelo musgo,
enterrado sob as ervas e o som,

postas no árduo dever de urdir a colina,
seus braços pronunciados nas substâncias da terra,
onde os ruídos e os favos tocavam-se
e transmutavam-se. Turvavam-se.
Ao modo de uma linguagem elementar. Continuar a ler “POEMAS DE Lucas Rolim”

HERRUMBRE (SELECCIÓN) – por Nelson González Leal

Pintura de Pilar Labajo

1

Escribimos a dos manos, no a cuatro. A cuatro escriben los cuadrúmanos, una especie extraña inventada por los que escriben con una. Eso sí, caminamos en dos piernas y bailamos en todas las que nos alcancen, aunque lo usual es que nos digan “vamos a echar un pie”. Somos ligeros, de equipaje y de vida, y escribimos porque nos encanta, muchas veces sin sentido -no como ésta, claro, que tiene todo el sentido del otro mundo, de ese donde somos cuatro que escribimos siempre a dos manos y bailamos en cuatro pies.

3

Hay que pagar impuestos y puestos a pagar lo mejor es correr por la avenidas, evitar los maléficos senderos donde pastan los hombres de largas gafas y extrañas geometrías. Dancemos en un pie y paguemos en dos manos. Somos la raza torpe que enriquece a los inútiles. Dancemos y paguemos, derecho de frente, derecho de lado, derecho de fondo, derecho al derecho y al maltrecho por donde huiremos puestos a pagar, impuestos de todo, beneficiados de nada.

7

Ellos eran grandes y sin embargo rodaron. Se fueron de bruces. Mordieron el polvo. Cuatro manos no bastaron para evitar la caída. En algún momento dejaron de hablar y la gente a su alrededor quedó petrificada, como hechizados por la mirada de la Gorgona. Grandes, autosuficientes, invencibles e invisibles. Imbéciles también por no prestar atención al cruce de las calles, al acecho tras los árboles. Ellos se nombraban a sí mismos con palabras fulgurantes. Ese fue su error, porque todos sabemos que el fulgor no alcanza más allá que la sorpresa del destello. Ahora son sólo ceniza esparcida entre los dedos de los falsos profetas y verbo repetido en las arengas de esquina.

10

Hay polvo en el aire. Ellos que son extraños lo detectan. Evitan las esquinas de las habitaciones y no miran al techo. Escuchan el maullido de los gatos y lo que parece un lamento de lobos por la madrugada. La casa es antigua. También el jardín y el patio. Algunos cambios, aquí y allá, arriba y abajo, paredes y piso, ventanas y puertas, revelan el laberinto. Hay sombras en el aire y ellos que son de luces lo iluminan, dan los pasos necesarios, medidos, en la trayectoria de quien revisa a conciencia, de quien indaga y descubre. Pasan los dedos por las cerraduras y entienden. Hay herrumbre. Hay silencio. Hay polvo en el aire y todo se desvanece entre las motas y los hilos de Ariadna.

13

Tormentas. De este lado del tiempo comunes son las tormentas. Nosotros nos guarecemos bajo los árboles del patio a cada estruendo en el cielo. Ellos no. Ellos danzan y ríen en mitad de la calle. No le bastan sus cuatro pies para dar gusto al frenesí. Aquello es un aquelarre. Las tormentas se apoderan del tiempo, lo oscurecen, lo hacen confuso, ruidoso, imponente. Nosotros corremos. De los árboles del patio vamos a los quicios de las puertas en la cocina. Vemos huir las ratas. Escuchamos aullar los lobos y un agudo zumbido se instala en nuestros oídos. Somos ahora parte de todo y todo nos transforma en piezas de lo turbio. De este lado del tiempo son comunes los desquicios (ya se habrán dado cuenta). Ellos danzan. Ellos ríen. Ellos engañan. Nosotros somos el miedo.

16

Lo sabemos, el resto huye en estampida o hace fiestas como ratas. Los otros, los que no pertenecen, quedan en mitad de la calle, heridos y solitarios. El resto repite orgasmos con las arengas y el alarido de los profetas. Los otros piensan y conspiran, desean, aspiran, entristecen. El resto marcha alegre y se besa, se acaricia e ignora la herrumbre tras las puertas. Los otros se oxidan en la espera.

17

Bien organizados, marchamos. A paso de vencedores por la calle del medio. Contamos, uno, dos, tres, y cantamos una marcha conocida. Uno, dos, tres. Nos saludan. Saludamos. Nadie se oculta, nadie nos oculta. No nos detendrán barreras, barricadas, ni silencios. Uno, dos, tres, paso firme, consignas al aire, puños, charreteras y antiguas memorias. Nadie tropieza. Todos son ágiles y están bien entrenados. Todos firmes en sus cuatro pies cruzan las trincheras como si de esquinas se tratara. Uno, dos, tres. Oscuros y orgullosos de su avance hacia la herrumbre.

18

Maúllan los lobos y no hay luna llena. Aúllan los gatos y las ratas escuchan extasiadas. La ciudad se aferra a estos extraños designios. Vagan por sus calles y callejuelas sombrías putas, hieráticos mendigos, fablistanes y asesinos. Solo una tarde de alcohol basta para la recomposición del caos, pero hay ley seca, tránsito seco y muerte agria. En la morgue retumban los cadáveres que no se levantarán jamás. Las marchas son de otros, quizás tan muertos como ellos y torpes. Los lobos suben a los muros y desde allí mueven la cola y se lamen. Los gatos se juntan, olfatean y acechan. Las ratas se han dado cuenta y deciden ocultarse en los recovecos y callejones. Hombres de una raza torpe avanzan y conquistan, sin percibirlo siquiera.

26

Herrumbre, solapa, destierro. Marcan los pasos con tiza, el contorno de los cuerpos desahuciados en las calles. Se ha acabado el carnaval y hay quien anuncia el fin de toda fiesta. Pocos lo creen, es difícil de aceptar en un territorio que ya fue tan rico. Pomposos, los señores de los cantos y las falsas esquinas que se ocultan tras las sombras y el rechinar de los portones, callan y esperan. Herrumbre. Y a pesar de todo vestimos nuestros trajes de gala, de solapas bien planchadas, y vamos a echar un pie.

27

Ellos son los que caminan entre la bruma. Trajeados siempre de gris, con aros en las orejas y perforaciones en la nariz, cualquiera diría que son una nueva raza, pero son ágiles, se mueven con soltura y sigilo y son expertos en mezclarse con el tumulto. No existe quien los haya señalado alguna vez. Son hombres, no hay duda. La anchura de sus espaldas y la altura de sus hombros lo revela. Alguna vez puede que haya habido alguna mujer entre ellos, pero su fin fue siempre procreativo. Ellas nunca caminaron en la bruma, ni se trajearon de gris, ni perforaron sus orejas y narices. Tampoco eran ágiles. No, ellas venían de una raza torpe y se dedicaron a engendrar a estos hombres, que se mueven entre la bruma y murmuran. Sus voces son un murmullo y sus pasos un adagio sobre las largas esperas. Y entonces hay días en que la bruma se disipa y ellos quedan al descubierto, extensos y paralizados, robustos y trepidantes, a punto de estallido, hasta que alguien grita y el viento los arremolina como en un carnaval de hojas marchitas.

29

Olor a mandarina y a distancia, a atrevimiento, desafío, a niñez. Olor a cosas lejanas, de esas que se miran desde las ventanas ajenas como si fueran propias. Alegría, sonrisa suave, suave satisfacción. Olor a baile, a ella, al primer amor. Todo le llegó de un soplo en el exacto instante en que terminó de cruzar la esquina y el resto del mundo dio la vuelta sobre si mismo para no encontrarse más. Olor a si mismo también, con música, sin llanto, por primera vez sin llanto, desde que el propio desafío de quererse comenzó.

31

Hay una trayectoria de tiempos, de años. Él lo sabe. Ella lo sabe. Y se dan la mano. Buscan los resquicios, los mínimos indicios, los lugares libres, y corren, corren, corren, como si fueran los últimos testigos del último testimonio de la soledad. Luego, muy luego, aparecerán los otros y arrastrarán cadenas para demostrarles que la herrumbre pasa, que el destino no es más que una amenaza detenida a la orilla de los días, y ya.

33

Son cuatro y alientan el miedo. El aroma a café los recibe cada mañana. El largo frío de la noche los enmienda, los corrige, los embalsa. Y ellos andan, de a poco, por las aceras. Toman una taza de café puro, cerrero, sin azúcar; la toman de un trago y observan, a la derecha, a la izquierda, arriba, abajo. Nada hay que los impida. Y salen. Recorren las calles, buscan. Son cuatro y llevan martillos y azadas. La herrumbre será con ellos. Con ellos el fin.

♦♦♦

Nelson González Leal | Escritor y periodista venezolano. Ha publicado Entre grillos y soledades (poesía, Edit. Petroleum, Maracaibo, Zulia, Venezuela, 1986), Una pista sutil (relatos, Edic. SCEZ, Maracaibo, Zulia, Venezuela, 1988), y Esa pequeña porción del paraíso (novela, Edit. Comala, Caracas, Venezuela), y participó en la antología Un paseo por la narrativa venezolana. Ocho relatos cortos (Edit. Resma, Santa Cruz de Tenerife, España, 1988). También ha publicado textos en diarios y revistas locales e internacionales, impresos y en Internet.

CUARTA ACTA – por Rodrigo Verdugo

Colagem da artista surrealista Singwan Chong Li.

CIENTOSESENTAISIETEAVO  ANUNCIO                       

Las llaves copulan en el libro de la tempestad.
Dos mujeres medievales están paradas en la puerta de una casa
Una es más alta que la otra
Solo se le distingue la nariz y la boca.
Me invitan a pasar a una tertulia
Sin antes decirme que tuvieron que pedir el permiso de “Ellos”.
Paso a un gran living
Donde azules velas en forma de centinelas Continuar a ler “CUARTA ACTA – por Rodrigo Verdugo”

O VESTIDO DA MARILYN E OUTROS POEMAS – de Amélia Azevedo

O Vestido da Marilyn.

Quero um vestido como o da Marilyn.
Quero um vestido de roda para rodopiar e mostrar as minhas pernas.

Quero rodar à volta de mim e cair nos braços da leveza…
Amparada no espírito demente, que só quer a minha insanidade.
Invisível a todos com o meu vestido de roda, eu rodo e rodopio e ninguém vê as minhas pernas. Continuar a ler “O VESTIDO DA MARILYN E OUTROS POEMAS – de Amélia Azevedo”

POEMAS DE CLAUDIO WILLER

 

@Artur Cruzeiro Seixas (1974)

DIÁRIO INACABADO

Às vezes nem fui eu o fotógrafo
daquele mundo que se abria em praias ao por do sol, oceanos à contraluz,
uma natureza de braços abertos
(eu vi todos os rostos do mar)
(o que me dizia o perfil de árvores diante da água?)
fotografia, obra do acaso – sempre – a verdadeira fotografia

quando o belo é terrível

e as fotos nos atraem

por sua tristeza Continuar a ler “POEMAS DE CLAUDIO WILLER”

SETE POEMAS DE LEILA FERRAZ

O HÁLITO DO VENDAVAL

Há folhas espalhadas por todo o jardim, e venta
como se não houvera vento antes desta manhã.
Leva para o mar todas as memórias da luxúria.
E eu me abro para mais um dia, outro dia, novo dia.
Para quem perdi meus dedos nesta noite.
Acordei com estrelas e bambus.
Odores sensuais cozeram meu corpo à cama
e as lembranças de sedas, rendas, cadeiras tombadas
e ilógicas derramaram um esquecimento lilás. Continuar a ler “SETE POEMAS DE LEILA FERRAZ”

QUATRO POEMAS PELA AMÉRICA LATINA – por Rosa Sampaio Torres

I  QUANTAS VEZES SE MORRE

Para Moacir Armando Xavier

“Ninguém na vida teve tantos pecados que mereça morrer duas vezes.” Frase de Maria de Magdala quando Jesus pretende  ressuscitar Lázaro.

(“O Evangelho segundo Jesus Cristo” – José Saramago)            

Quantas vezes
se morre
nesta vida,
com pecado
ou sem pecado? Continuar a ler “QUATRO POEMAS PELA AMÉRICA LATINA – por Rosa Sampaio Torres”

POEMAS E CENAS DE Zuca Sardan

PIRRAZZA

1 . VAPORETTO

Aviso aos navegantes o Vaporetto
partirá pra Cithera o Capitão
chama o cozinheiro chinês
o cozinheiro chinês chama o avestruz
o avestruz bota um ovo o chinês
parte o ovo traz um jornal o vento
venta o chinês faz da casca
o casco o chinês faz do jornal
a vela o Capitão reclama o chinês
faz do cachimbo do Capitão a cha-
miné o Vaporetto apita o vento
venta que venta que venta Continuar a ler “POEMAS E CENAS DE Zuca Sardan”

O POEMA E O POETA – por João Rasteiro






Nossa memória sempre foi 
a memória dos monstros 
nosso enigmático testamento

Casimiro de Brito



I

O poema nunca estará morto,
não é sequer poema,
a ilícita quimera desejada, o ouro
imperceptível e consumado,
“o problema não é meter o mundo
no poema”; vislumbrá-lo inteiro,
desinquieto em auroras claras,
em giestas de espera, e só assim
na breve treva a veracidade
que emana do canto dos pássaros
em disperso azul, em alforria,
lhe permitirá agarrar o seu trémulo
verso, a singular oblação da rosa. Continuar a ler “O POEMA E O POETA – por João Rasteiro”

TRIPÚDIO – por Luís Costa

Die Geburt des Dichters

Nunca pensei, sonhei ou desejei ser poeta
durante toda a minha juventude em vez dos livros ou da poesia
sempre preferi brincar aos índios e cowboys
ou assaltar ao meio da noite os laranjais
e os galinheiros dos vizinhos, ou ainda espreitar a vizinha,
quando esta se despia para fazer amor
e masturbar-me, masturbar-me (sim, sempre houve em mim
um gosto nato pela transgressão)

pergunto: poderá a fome de poesia ser explicada
cientificamente, será talvez uma herança genética?

que eu saiba entre os meus antepassados
nunca houve poetas, nem artistas, nem sequer homens cultos
houve, isso sim: assassinos, carrascos, esfoladores,
prostitutas, concubinas, mulheres obscuras e violentas
videntes, hipnotizadores de serpentes
também padres, mártires, santos e, sobretudo…
ah! sobretudo: loucos!

sim, entre os meus antepassados constam-se vários loucos
e confesso que também eu, por vezes, enlouqueço.

já passei alguns anos numa psiquiatria
porém todos os meus psiquiatras (foram muitos.
alguns deles suicidaram-se. outros enlouqueceram.)
dizem que a minha loucura é uma lúcida loucura.

vá lá saber-se o que é uma lúcida loucura,
mas talvez tenham razão, talvez a poesia seja um caso
de lúcida loucura.

English Garden

Aquele cadáver que plantaste o ano passado
no teu jardim já começou a despontar?
dará flor este ano?

                                                      T.S. Eliot

Foto de Paulo Burnay

Morreu no outono, um outono translúcido
como o da poesia de Trakl.

conforme o seu último desejo foi enterrado ao
canto mais belo
– onde crescem a rosas de Shakespeare –
do seu tão amado jardim,
o English Garden
onde costumava ler e escrever,
ler e escrever
até que os olhos lhe doessem de alegria.

enterraram-no com uma mão de fora
para que quando chegasse a primavera desse flor
e as andorinhas lhe cagassem em cima.

Realeza

Foto de Paulo Burnay

Toma-me, ó noite eterna, nos teus braços
e chama-me teu filho
  Fernando Pessoa

O corpo (um odre de carne malcheiroso)
Mas ainda bem modelado

A ferida costurada
Os genitais encolhidos
O incenso subindo dos turíbulos
Aos brados

Assim lhe despiram a realeza
Assim regressou à noite antiga e calma.

La beauté

Je suis belle, ô mortels ! comme un rêve de pierre
Charles Baudelaire

Há uma tremenda beleza naquelas mãos grandes e peludas:
porquanto manejam habilmente os bisturis
que são astros cintilantes na podridão das vísceras.

Foto de Paulo Burnay

Elogio da loucura

Ao meu tio José (1940 – 1999)

O meu tio José, o louco. vejo-o
deambulando pelas ruas ao deus dará
sem outro destino que não seja deambular.

um Kentucky ao canto dos lábios.
o chapéu amarrotado…

o tio José, alto e elegante
como muitos dos homens da beira alta.
os olhos tão azuis… tão azuis…
quase germânicos.
lá dentro, o céu. não o céu de deus,
pois um louco não precisa de céu,
nem de deus, pois um louco não precisa
redimir os seus pecados.

mora na noite da luz. isento.
como as aves.

 Ressurreição

Luís Guerra e Paz

Depois do dilúvio
por entre as barcas e as casas submersas
onde agora o hálito de Deus mora
com a perna amputada às costas
regressou da morte

pois dizem que Deus não gostou do seu cheiro.

♦♦♦

Luís Costa escreve poesia e mais algumas coisas. Nasceu na sexta-feira santa de 1964. Tem alguns dos seus trabalhos publicados em revistas digitais como a Triplov e a Zunái, tendo também colaborado no primeiro número da revista internacional de surrealismo Debout Sur L’oeuf. Para além disso, pouco há a dizer. Ah, diz que a biografia do poeta é a sua poesia, pois, a seu ver, fora do poema o poeta não existe. Escrever poesia é para ele uma questão de ira e amor: uma violência amorosa. E também o contínuo suicídio do eu para que a obra se faça.

ODE FASHION – por Paulo Soares

Há novos desvarios no desalinhado armário da alma do poeta! Na peregrinação inócua de um centro comercial impróprio para consumo, calçou nos pés da mente um par de botas. Sapatos de essência negra, que em passos largos o levarão em sonhos aos caminhos da velhice. Sim, em sonhos e apenas neles! Na realidade, os bolsos que enfiou nas últimas calças, adquiridas na feira da balbúrdia, continuam sem fundos…

Nesse sonho agitado arranca da cama o espírito sisudo e agarra com força uma janela. Pelo vidro escancarado avista os jardins da noite e ouve. Escuta no breu os muitos meninos que ali brincam e espreitam. No queixume breve contam mimos ao escriba/sussurram-lhe ao ouvido beijos quentes trocados na copa das árvores, essas sequóias impenetráveis que já ali não estão, que alguém arrancou num ápice…

Em histeria pela ausência dessas sombras que lhe mentiam e o amedrontavam o poeta canta, salta e gesticula em gritos lancinantes e irreflectidos. Há sem dúvida novíssimos desvarios nesse singular Armário Fashion! Ode inesquecível a um roupeiro ultramoderno no qual se desarrumam em desordem camisas brancas de bolinhas pretas, camisas pretas de bolinhas brancas, casacos de fazenda azulada e cinza, camisolas grossas de uma gola alta impenetrável e muitos pares de botas. Sapatos negros e caros, de um plástico refinado que o fazem sentir mais jovem e cada vez mais belo, afastando-o irreversivelmente dos olhares rugosos e implacáveis da velhice…

Foto de Luís Guerra e Paz

♦♦♦

Paulo Soares nasceu em 1970, em Moçambique, na antiga Lourenço Marques, atual Maputo. “Escriba” desde que se conhece, é formado em jornalismo pela Escola Superior de Jornalismo do Porto. Exerceu funções como jornalista durante dez anos, no Jornal “O Primeiro de Janeiro”, colaborando em suplementos como “Artes e Letras”, publicação dedicada à cultura.

Participou com alguns textos poéticos nas páginas da Revista “Palavra em Mutação”. Escreve textos em prosa poética, não esquecendo o universo da literatura infantil. Tem alguns textos dedicados aos mais pequenos, realizando também workshops de jornalismo pensados para esta faixa etária.

ESPELHOS de Fellipe Lee

“A Reprodução Proibida” ou “O Retrato de Edward James” – 1937, de René Magritte
Ao piano




ela pôs o vestido vermelho, enquanto
ele finge não ver.

vê o jornal, as notícias, as mesmas.

ela tenta sentir a nota musical, 
que teme tocar
pela janela alguém os vê ausentes, 
iriam sair para uma longa janta, 
mas estão ali, 
sem se olhar.

a luz acesa ainda, 
não desligaram.

para deixar a casa, 
a noite gelada lá fora os espera, 
mas eles ficam imóveis, na casa.

ela senta ao piano, 
mas a nota não ecoa.

nada pode atrapalhar 
o silêncio que reina 
entre dois ausentes.

Continuar a ler “ESPELHOS de Fellipe Lee”

“CARTA ABERTA” A UMA DEUSA-RAINHA – por Joaquim Fernandes

Fui Teu pajem, aos 10 anos, ajaezado a rigor na ingénua atmosfera barroca e amorável de uma modesta capela desta “cidade da Virgem”. Lembro a Tua figura em carne viva num cortejo joanino evocativo da coroação, em 1646, como Rainha deste país. Quis o destino (e a madre-superiora da escola) que uma outra Conceição de louras tranças Te revivesse em corpo grácil: só a mais bonita da escola, namorada primeira, haveria de incorporar a mais radiosa divindade do Panteão celeste… Continuar a ler ““CARTA ABERTA” A UMA DEUSA-RAINHA – por Joaquim Fernandes”

POEMAS de Júlia Moura

Foto de Paulo Burnay

CORPO DO AMOR

falar de amor é a tentativa de decifrar
o escuro divino com a intuição do âmago
esbarrar no vazio tropeçar no tudo e
inventar meio mundo dando voltas
nas estrelas caídas
mais fácil é falar do teu corpo
do teu copo
do teu sopro de natureza cálida

Continuar a ler “POEMAS de Júlia Moura”