Reseña crítica sobre la novela Ovanid de Paz Sekul

La trama narrativa de la segunda novela Ovanid (2024) de la escritora viñamarina Paz Sekul se basa en la historia de dos ancianos locos que encarnan personajes típicos de Valparaíso. Ovanid es un actor fracasado, mimo y artista callejero. Además, él es amigo inseparable de Murillo (de oficio marmolista); ambos, con una edad considerable, se pasan el tiempo conjeturando acerca de la vida, el destino, Dios, la fe y la muerte. En este ámbito, la historia nos ofrece a nosotros como lectores, un sustrato literario mucho más profundo que los devaneos místicos y filosóficos de dos ancianos demenciales.
La novela Ovanid se ancla en un fundamento profundamente místico y filosófico, estos conceptos primordiales sobresalen en las conversaciones de los ancianos y otorgan al lector, otro tipo de conocimiento vedado en el mundo cultural, por tratarse, justamente de sabiduría ancestral, relacionada con los saberes universales: “El ser humano es bello, perfecto, recio y brutal, no tiene refinamientos; en él la vida es incontrolable, activa, reproductiva hasta el agotamiento y la muerte es una consecuencia lógica que no se discute; es preadamítico, el que no conoce…por eso no teme y vive cautivo en nosotros” (Sekul, 87). Al respecto, el misterio de la vida y de la muerte son intrínsecos al ser humano. Por esta razón, constituyen un acertijo aterrador en el hombre, quien debe vivir con el desconsuelo y desgarradura constantes del tremendo peso existencial. Así, la novela se podría apreciar desde la óptica existencialista: “El existencialismo considera así al hombre como “ente finito”, esto es, limitado en su capacidad y en sus poderes, “lanzado al mundo”, abandonado al determinismo y a los condicionamientos que el mundo le impone, y que le puede hacer nulas sus posibilidades, en continua lucha contra situaciones que lo pueden conducir al fracaso” ( Samour, 27). Las palabras de Samour, nos permiten entender la sustancia de la novela analizada. Junto con ello, nos brinda la capacidad de reflexionar acerca de nosotros mismos, en vínculo con todas aquellas interrogantes complejas que siempre están presentes y que por nuestra condición humana, no podemos obviar, de ninguna manera.
Asimismo, un aspecto que yo como poeta agradezco, profundamente, en Ovanid es la utilización de recursos narrativos con una carga simbólica y poética bastante contundente y se retrata en diversos fragmentos, a lo largo del transcurso de la novela: “Finalizada la extraña alocución, los caballeros negros salieron a la calle y se disolvieron en la humedad ambiental; tras ellos Ovanid cerró la puerta de los sueños envuelta en noche y brumas. Ella, tristemente, lo observó desde la esquina, se acostó en la vereda y abrió sus piernas para que la lluvia finamente azul la penetrara hasta los recónditos rincones del alma” (Sekul, 85). Esto permite que la historia se enriquezca en contenido y en profundidad, ya que estos tintes poéticos la iluminan, rejuvenecen y la hacen transitar tranquilamente hacia una mirada vanguardista y novedosa, para las letras regionales actuales.
Igualmente, un tercer punto que reluce en Ovanid es la exposición del margen en los dos personajes principales (Ovanid y Murillo). Según Leal: “Esta literatura está inscripta en las transformaciones que ocurren en el arte en el siglo XXI, y que extienden su relación más allá del campo artístico, narrando la realidad social, la vida cotidiana de las periferias de América Latina. En que está muy presente en el lenguaje específico utilizando en los barrios, y en la identidad vinculada al barrio, promoviendo así continuum entre la oralidad y la escritura como marca identitaria de su propia cultura” (1). Leal se refiere a la importancia de la oralidad como una marca socio cultural, ligada con las formas escriturales contemporáneas y latinoamericanas. En este caso, la perspectiva de sujeto marginal porteño está representado en estos dos antihéroes o ancianos locos y en sus declamaciones al amparo del alcohol.
Aunque, este tema es bastante controversial; debido a que el centro siempre es variable y está cambiando constantemente, en relación con la denominación de personaje periférico. Sin embargo, Ovanid y Murillo son representados en la novela como personajes marginales: “Ovanid, como tantos otros ebrios conocidos del barrio, había buscado refugio y dormido junto a un harapiento, allí en el sótano del enorme edificio” (Sekul, 77). El retrato de los rasgos físicos, sociales, económicos y emocionales, de ambos personajes principales, se apartan del perfil de la “persona políticamente correcta”, ya que son ancianos locos, obstinados, infantiles, alcohólicos, místicos, entre otras particularidades. Esto se observa en las largas peroratas de Murillo, el marmolista: “Que triunfen los poderes populares de las conciencias fugadas de sí mismas. Terminaré matando a una mujerzuela…¡Dios mío¡ Horror. ¡Soy un viejo hijo de puta¡ Una desgraciada síntesis de los tiempos modernos. Será un crimen políticamente insignificante en la moral social” (Sekul, 108). En relación con el monólogo de Murillo, yo puedo señalar que existe en esta novela un argumento bastante notable, en torno a Dios como creador y los poderes creativos del hombre y de qué forma, este se debate en la vida y problematiza la desgarradura existencial.
En otras palabras, si el hombre tiene la posibilidad de crear y es perfecto, es porque está construido a imagen y semejanza de Dios. Es decir, el ser humano, en su libre albedrío, tiene la posibilidad de caer y autodestruir ese legado trascendente y divino. De acuerdo con ello, este espacio dificultoso revela la emergencia de un lenguaje de la fuga, del borde, del otro lado y aparece descrito desde lo indefinible, borroso y opaco ligado al ser humano o humana que es capaz de cometer el acto del suicidio. Este acto se ve patentado en la muerte de la amada de Murillo, Marina:
Amaneció lloviendo y Marina, muy temprano, abandonó en silencio y con sigilo el taller, escabulléndose por los suburbios perseguida por la visión de la estatua y por el recuerdo de una sombra rosada; la equilibrista estaba a punto de caer hacia el abismo, cortados los hilos de seda y destrozado el quitasol multicolor, precipitándose al vacío de una pista y de un circo ya sin fondo. Al finalizar el día Marina se suicidó; su cadáver quedó tirado cerca del portal donde retozaban los perros vagos, arriba en la barriada (Sekul, 159).
En relación con este hecho, Paz Sekul deja ver una mirada escritural situada en la vida y la muerte como dos conceptos, que se tocan continuamente. Siendo así, el retrato narrativo de los personajes marginales, junto con el ambiente en que ellos tres ( Ovanid, Murillo y Marina se desenvuelven), nos expone la cotidianidad aplastante y reconocida de los habitantes del margen, en la ciudad de Valparaíso: “Marina había sido detenida por la policía. Producto de una borrachera, se había paseado desnuda por la calle de arriba y se había orinado en el atrio de la capilla…Era casi como lady Godiva, sin caballo y sin historia medieval” (Sekul, 116). Estos aspectos siempre están presentes en el relato y nadie puede sentirse más o menos seguro; ya que las circunstancias de la vida son tan fluctuantes, que las personas fácilmente pueden caer en estas conductas éticamente reprobables; pero que a la vez forman parte de nuestra naturaleza humana delicada y en perpetuo peligro, ante los acosos de la existencia sagrada y a la vez, deprimida.
Referencias bibliográficas
Leal, Amanda. “Una aproximación a la literatura de los márgenes contemporánea de Argentina y Brasil”. 1º Congreso Internacional de Ciencias Humanas – Humanidades entre pasado y futuro. 2019, pp. 1-4.
Samour, Héctor. “¿Qué es el existencialismo”. REVISTA DE MUSEOLOGÍA KÓOT, 2022 12, n.º 13.
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Claudia Vila Molina, poeta, profesora de lenguaje y Magíster en Literatura Comparada.


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