UM CONTO de Federico Rivero Scarani

LA VERDADERA HISTORIA DE JAMES COOK Y DEL POLEN DE VENUS, por George Vancouver (1757-1798, compañero de Cook)

I

   Contaré una historia que no está registrada en la Enciclopedia Británica: hacia finales del siglo XVIII de Nuestro Señor Jesucristo, Australia había sido visitada por los ingleses; el continente inspiró a Swift para sus viajes de Gulliver donde Liliput aparece como una landa diminuta después del naufragio. Gracias a la cartografía realizada por el navegante portugués Vasco Da Gama, los británicos pudieron adentrarse en los remotos mares aun desconocidos.

En 1769 (Vivaldi había muerto 28 años antes pero sus sinfonías perduraban en los conciertos) la Royal Society de Londres motivó un viaje hacia el sur con el objetivo de ver el probable paso de Venus por delante del Sol; comentaban los astrónomos que ese hecho estelar podría promover una nueva era para la humanidad; cierto es que hubo astrólogos que vaticinaron un diluvio de flores porque Venus enamoraría al Sol seduciéndolo con su fulgor. El Almirantazgo equipó al Endeavour para que los observadores pudieran recoger muestras del polen cósmico y trazar geometrías náuticas y estelares.

El programa fue confiado a James Cook, navegante distinguido y excelente cartógrafo del reino; había elaborado mapas de las costas norteamericanas y como Teniente de Navío tuvo las siguientes instrucciones: observar el paso de Venus, realizar los descubrimientos correspondientes, y en la conjunción Venus-Sol redactar un informe sobre el amor entre las esferas flotando en la oscuridad del mar del sur, sería El Ensayo.

Partió el Endeavour y el paso de Venus fue observado por decenas de ojos que lloraron porque recordaban sus amores allá, en la Isla de Brumas Eternas, James Cook continuó hacia el sur  pero Australia, sospechosa isla de centauros, no aparecía en el horizonte líquido; poniendo proa a Nueva Zelanda desembarcó explorando las tierras desconocidas. Los marinos comentaban que Venus se había enamorado de la Luna y que desde el cielo austral las estrellas seducían como las sirenas. Cook trazó mapas febriles, recorrió valles y playas, montes y ríos junto a sus hombres que ansiaban el polen estelar que aún no había llovido, supuestamente.

Debido a esas circunstancias abandonaron en marzo de 1770 Nueva Zelanda. Tomaron rumbo al oeste. Un mes después en alta mar, durante la madrugada, el vigía divisó la costa de Nueva Holanda, es decir, querido público que callao está con esta fantástica historia, Cook y los suyos llegaron a la misteriosa Australia. Pero el Enveavour siguió su ruta hacia el norte, buscando el polen estelar venusino que los astrólogos dijeron que caería desde el cielo de Venus. Sin embargo el sábado 30 de abril, en un día dulce y otoñal, anclaron en la bahía Botany Bay. Escribe Cook en su diario de viaje: “La gran cantidad de plantas que en este lugar encontraron Mr. Bonks y el Dr. Solander moviéronme a llamarle Botany Bay”. De todas maneras el polen que se esperaba en Londres con avidez no fue encontrado.

La crónica continúa diciendo: “En los  bosques pululan aves de excepcional belleza, principalmente papagayos (…), en la superficie de estos bancos de arena y barro se hallan ostras, caracoles marinos y otros lamelibranquios, principal alimento de los indígenas. (…)

Todos los habitantes que vimos iban completamente desnudos, no pudimos establecer con ellos ningún vínculo”. Una semana estuvieron en Botany Bay, mientras tanto los marinos comenzaban a preocuparse por no poder encontrar el elixir del polen venusino.

Siguieron dirección norte durante cuatro meses navegando con dificultades climáticas por costas desconocidas, pero por sobre todo por un ideal que los hacía delirar de fiebre cuando bogaban en la tarde gris sin viento. La dieta principal fue el canguro. James Cook, leal a su majestad el Rey Jorge III de la casa real Hannover (perdió las colonias inglesas de América), bautizó islas, golfos y bahías, puertos y montes, y siendo fiel regresó a Inglaterra sin el polen estelar pero con cartografías que le servirían para su próximo viaje.

II

Lector fiel, no te  miento en lo más mínimo, quiero que sepas que esta aventura no termina acá, pero permíteme beber un trago de vino, ¡ah!, ¡cómo quisiera que fuera polen de Venus!; pero continuemos: Entre 1772 y 1774 James Cook concretó la segunda expedición al Sur para aclararles a las autoridades si Tasmania era isla o parte de un continente  ignoto austral. Salteemos algunas aventuras que duraron meses, es mi intención ser sincero: el argumento manejado oficialmente ocultaba lo mismo del principio; ¡qué importaba si Tasmania era isla o nido de demonios!, ¡lo importante era el elixir, el maná, la supuesta lluvia de flores que acaeció y que ni resto de pétalos dejaron!  Importaba para el comercio y para el placer de las elites esa ambrosía que cayó del cielo. Y era Cook el único que lo sabía a pesar de ciertas sospechas por parte de la tripulación.

En agosto de 1773 llegaron a Tahití. Cook define aquel día desde el navío Discovery de la siguiente manera: “Una mañana tan bella que difícilmente sabría pintarla un poeta, divisamos la isla de Tahití (…) El viento del este había amainado. Una leve brisa que soplaba de tierra nos traía fragancias magníficas y vivificantes y rizaba la superficie del mar (…) Al poco rato toda la orilla aparecía ocupada por una gran multitud que miraba hacia nosotros, mientras otros, fijados en la concertada  paz, echaban los botes al agua cargándolos con productos del país”. Fue así que los indígenas se acercaron a las naves, se admiraron por la blancura de las pieles a pesar del yodo y del sol y abrían las vestiduras para confirmar que los ingleses eran como ellos. Un nauta sajón dijo que las profecías eran reflejos del espejo del tiempo, y miró hacia el cielo como un teólogo.

 El tercer viaje, 1776 a 1778, Cook continuaba en el Discovery escoltado por el Resolution; se dirige a Hawai; allí lo esperaba la muerte; ¿y el polen?, se preguntaban marinos desgreñados e hirsutos, y también lo hacían los aristócratas ávidos de salir de su condición frígida y estatuaria.

Fue esto lo que pasó en Hawai, público paciente: unas canoas se acercaron al Discovery y Cook detuvo el buque; llegando al barco muchos indígenas subieron a bordo, – Cook y sus tripulantes creyeron intuir que traían en su alfarería el polen estelar; – según las señales y los gestos de los lugareños indicaron que los blancos ya habían estado allí. La cosa parecía cierta porque algunos indígenas mostraban síntomas de enfermedades venéreas.

Leeré un fragmento de crónica del Capitán: “Nos detuvimos y proseguimos nuestro comercio con la población indígena hasta las cuatro de la tarde. Era imposible mantener a las mujeres lejos de a bordo y ninguna de cuantas encontré eran menos recatada. Parecióme evidente que visitaban únicamente para prostituirse”. Comenzaron los hurtos por parte de los indígenas (dije alienígenas, aliud fuerunt, perdón si lo menté así); estos provocaron reyertas con los marinos, la cosa se puso fea y violenta como tropezón descalzo sobre las rocas con mejillones. Quisieron irse los ingleses pero una tempestad shakeasperiana los obligó a hacer puerto. Los isleños se dividieron en dos facciones: los que relacionaban a los blancos con un origen divino, y aquellos más realistas, quizás, que los veían como simples bandoleros.

Bajo la constelación de León nórdico en 1779 un grupo de isleños impidió que los marineros barbudos y sedientos fuesen a buscar agua en tierra, otros a bordo del Discovery se convirtieron en reos por latrocinio, fueron castigados con el embargo de sus botes; sin embargo un bote del navío de Cook fue robado, el cielo aquella noche prometía reventar en relámpagos. Cook tomó rehenes y bajando a tierra quiso persuadir al rey quien había mantenido una relación amistosa, pero que, envenenado por los jefes subalternos, se mantuvo austero. Dialogaron diciendo:

– Majestad, hemos venido por el Polen de Venus; desde hace diez años que lo venimos buscando, ya que se supone, según nuestros magos, que llovió por latitudes que quizás vosotros conocéis. ¿Sabéis algo de este enigma, Soberano? – Preguntó Cook sudando y con los ojos encendidos.

  • No, Capitán, eso que buscan sobre las olas y bajo el cielo es algo que está en vuestros espíritus clavado como una astilla. Es lo que ustedes llaman

Terminando de hablar una explosión reventó en la noche tormentosa; un cañón disparó contra un bote que intentaba escapar del navío. Una multitud se lanzó sobre James Cook y sus compañeros diplomáticos. Comenzó la batalla de la emboscada;  Cook desenvainó la espada y luchó por el Rey, por Londres, por los astrónomos y por el Polen de Venus. Retirándose a espadazos hasta las embarcaciones, retrocediendo en una lucha desigual, en la playa una puñalada le abrió la espalda; muchos de su séquito tuvieron la misma suerte; fueron despedazados mientras el rey pensaba en aquella sustancia que sus vasallos le trajeron hacía una década y que lo transportaba hacia regiones que ningún mapa podía registrar. Tuvo algo de lástima pero el éxtasis de aquel polen lo hizo soñar con un hombre blanco que teñía el océano con su sangre azul.

    Esta historia fue leída por Luis XVI antes de perder la cabeza y por Napoleón antes de Trafalgar. Lector amable, gracias por llegar hasta aquí, Cook descubrió Australia, pero además, en su último estertor, con esa lucidez propia del moribundo, descubrió que el polen estelar estaba en su corazón instalado como un latido, que estuvo en el océano en forma de onda, que estará en el cielo, ese mapa antiguo repleto de oscuridad y brillo.

♦♦♦

Federico Rivero Scarani (Montevideo – Uruguay, 1969)Ensayista, poeta y traductor uruguayo.  Docente de Literatura egresado del “Instituto de Profesores “Artigas”. Colaboró en diversos medios de Uruguay como “El Diario de la Noche”, “Relaciones”, “Graffiti”, y también en “Verbo 21. Com”, “Banda Hispânica.com” (Brasil), “InComunidade” (Portugal), “Nagari” (EE.UU), “Archivos del Sur” (Argentina), entre otras.  Publicó un ensayo sobre el poeta uruguayo Julio Inverso (“El lado gótico de la poesía de Julio Inverso”)  editado por los Anales de la Literatura Hispanoamericana de la Universidad Complutense (Madrid-España). Participó en antologías de poetas uruguayos y colombianos (“El amplio jardín”, 2011) y Poetas uruguayos y cubanos (“El manto de mi virtud”, 2005). Mención Honorífica por el trabajo “Un estudio estilístico de Poeta en Nueva York de Federico García Lorca” (2014). Organizado por el Instituto de Estudios Iberoamericano Andalusíes y la “Universidad de La Plata” (Argentina). Accécit 18º Concurso José M. Valverde, Catalunya – España (2014). Docente de la cátedra de “Lenguaje y Comunicación”, en el Instituto de Profesores “Artigas”. Ponente y exponente en el “II Seminario Internacional de Literatura Fantástica”, realizado en el Instituto de Profesores “Artigas” (Montevideo), el 1° y 2 de octubre del 2015. Premio Limaclara Internacional de Ensayo (Argentina), 2016. Miembro de REMES (Red Mundial de Escritores/as en Español), y del sitio autores.uy.

https://es.wikipedia.org/wiki/Federico_Rivero_Scarani

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