3 POEMAS – por Kepa Murua

“A perda da inocência”, de Artur Cruzeiro Seixas

DE ESCRIBIR LA DISTANCIA (2012)

Un Hombre Por Encima

Me ha pasado un hombre por encima.
Tengo las huellas marcadas en la frente:
las huellas desconocidas.
No valen denuncias a la policía
ni seguros a todo riesgo.
Me ha pasado con sus pies marcados
y he de responderle
con mi cuerpo.
Me ha atravesado el espejo de la mente.
Cruzado la luz del esqueleto.
Abollado el techo de mi pensamiento
que revive a duras penas.
Me ha pasado como un rayo un día de fiesta.
Como un caminante torpe
disfrazado en una noche indefensa.
Me ha pasado por encima
sin que pudiera abrir la boca
o quejarme por el golpe
o gritar por la sorpresa.
Así ahora que nada tengo
y todo me duele.
Ahora que no sé si merece la pena
continuar adelante.
Y sentir si es verdad
que estoy vivo o que muero.
Así es la apuesta:
mía cuando estoy solo,
de nadie cuando voy acompañado.
Y todavía no he gritado
ni me he despachado a gusto
con esta provocación
que parece una afrenta.
¿Por qué a mí
si comenzaba a respirar de nuevo?
¿Por qué siempre
pensando que no tengo suerte?
Me ha pasado un hombre por encima.
Y no un individuo, una persona
o un ser humano.
Un hombre por encima.
Así de claro.

♦♦♦

DE VEN, ABRÁZAME (2014)

Los sentimientos somos nosotros
y alguna vez son los demás.
Pero el amor es ese cuchillo
que solo a nosotros nos hace daño
mientras su fuerza rodea al mundo
con su manto de bondad.
Los sentimientos infundados
sobre la sospecha mientras el amor
se desenvuelve ajeno
a lo que nos pasa
y se confiesa como ese beso entregado
a las profundidades de un espejo
donde aparecemos desnudos
con las arrugas del cuerpo
y el rostro tras el tiempo detenido
de las palabras inconfesables.
También los miedos son así: son nuestros
y algunas veces, de otros.
Pero el amor sustituye al deseo,
su inconformidad más latente.
En una noche hermosa
donde el hombre espera a su amada
y esta no vuelve.
En una mañana de lluvia
donde la amada quisiera darle un abrazo
y el mundo se vuelve esquivo
y lo que se ve por la ventana
parece un mar plano y duro
como el suelo de cemento
en una ciudad deshabitada.
Los sentimientos como barcos a la deriva
en una cocina a fuego lento en nuestra casa.
Y alguna vez, a lo lejos, en la de los demás
como navegantes minúsculos
que parecen puntos negros
que juntándolos más tarde
hacen del aire un cuerpo unido
que nos sostiene en la duda
con una fatídica pregunta:
¿son verdaderos los sentimientos?
¿Nos engañan si los vivimos en silencio?
Otra vez lo que ven los ojos,
lo que se siente y lo que se dice.
En medio, el silencio
como la única verdad
que nos ata al mundo
como eso que sentimos propio
y ese amor ajeno que se nos escapa.

♦♦♦

DE LA FELICIDAD DE ESTAR PERDIDO (2015)

“No dia a seguir ao nosso casamento”, Artur Cruzeiro Seixas

Si supieras qué es echar de menos
volverías a pensar en la amistad.
Una carta,
una conversación de taberna,
beber hasta altas horas de la madrugada.
Una ventana.
La luz en la madera del suelo.
La mesa llena de polvo
con un par de libros encima.

Ah, si tú supieras cómo se vive solo
más allá del encuentro de la muerte.
Más lejos de la ciudad soñada,
atado a un sendero de pocos metros
donde se abre el mar a lo lejos
y los árboles nos muestran la senda del cielo.

Si tú supieras.
Si supieras.
No es un paraje solitario la vida
pero vive a su aire su reflejo.
No es un alma escondida
ni un susurro negado.
No es el frío de la hierba
ni la humedad de la montaña
con el polvo reseco de la autopista.

¿Cómo se dice en tu lengua
la palabra camino?
¿Cuáles son tus aficiones?
¿Cuáles tus distracciones?

¿Lees o te leen?
¿Besas o te besan?
¿Amas o te aman?
¿Vives y dejas vivir
o mantienes una mirada tensa
ante el acantilado de la vida?
Como un navegante destronado
en el mar y el cosmos
de su agonía
te mantienes siempre erguido.

Si tú supieras.

Si envejecer no trae la sabiduría
tampoco es sinónimo de muerto.

Si supieras.

Esperar esa carta donde te explicas.
Reír por lo ingrato de la vida
hasta ser feliz en la cobardía de un instante
que reconoce el infierno de los días.

En la belleza de los sentimientos.

¿Para qué buscar otra agonía?
Un nuevo dilema.
¿Te explicas o callas
porque crees que ha llegado la hora?
Porque te aburres con su compañía
¿te vas o sencillamente marchas
para ocupar el vacío del tiempo?
O te hablan para decirte que te quieren.
Que te leen.
Que te respetan.
Que te ven pasar y te respetan.

Si tú supieras.

Si supieras.

Dios es un hombre que busca la felicidad
en cada uno de nosotros.

En cada movimiento
por muy extraño
muy sorprendente
que parezca.

Un paso que comienza en el destino de la muerte.
Que se renueva con el del nacimiento.

¿Te llaman para sorprenderte
o te llamas tú pronunciando tu nombre?

Y ¿qué significa?
Árbol, abedul o abeto.
Muro o piedra de camino.

Y cuáles tus iniciales.

Sí, las que firman esa carta.
Las que llevas en la frente.

Si tú supieras.
Si supieras.

 

Foto de Ardiluzu, 2017.

Kepa Murua (Zarautz, Guipúzcoa, 1962)
Escritor. Su obra se compone de libros de poemas, novelas, ensayos y diarios. Entre sus últimos libros destacan la novela De temblores (El desvelo, 2017), Poemas de la servilleta (Olifante, 2016), Lo que veo yo cada noche (Luces de Gálibo, 2017), y un libro de memorias de poeta y editor que recoge los años de vida de la editorial Bassarai: Los sentimientos encontrados 2005-2007 (Cálamo, 2016).

Su obra se ha traducido al inglés, italiano, portugués, rumano, húngaro, árabe y turco. Tras licenciarse en Historia del Arte por la Universidad de Oviedo, fundó la editorial Bassarai (1996-2011) y la revista LUKE (2000-presente).

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