DEZ POEMAS – por Pedro López Adorno

Imán

Cuán creíble todo en la imperfección; cuán

decisivo su desliz.

Si decide uno oír pasan nubes y la lengua,

maravilla terrible, se transforma

en doncellez que envenena.

Cuán soslayable todo en la imperfección.

Si decide uno hablar el soplo

vocación de humo.

Cuán defectuosa la traslación de la ternura a la hermosura.

Irrumpen metódicas las olas.

El ahora es barranco; el aquí

una oscuridad llamada historia.

Hemos venido abrumados a bucear.

Alarmados.

Albercas de esplendidez. Leyes

de atracción en el vacío.

♦♦♦

 

Herencia

Se fue retorciendo en el papel

y era añicos la fiesta. Un fin

de mes o más allá

desplumándose los árboles.

Su respiración la ventolera.

Puccini sin duda la amaría. El perfecto

rubí de su vulva a la hora del ensueño

el porvenir. Olvidemos los ladridos

de la voluntad. Las hojas amadas

por las ráfagas. La figura que algún

despistado creyó ver en la penumbra.

No era ella. Era

el tiempo en que ella se encendía.

♦♦♦

 

Tinta en su interio

Paradisíaco infierno. Cumple uno

cincuenta. Llueve. Lleva

letras en la lengua. En los dedos

locura.

Muere uno tantas veces para contar

con los cincuenta de este acoso. Mostrar

la vida como Parmigianino

su abultada mano.

A ver si viaja veloz, áspero

o nublado o se acuesta

con los pájaros para pasar

el año en paz

sobre este lecho del discurso

en tanta vuelta. Infranqueable

pirámide el deseo. Vengan

ahora a la gran fiesta sin otra

sustancia que tormenta. La vida

brevísima copia. Ninguna

libre de cicutas y ácidos.

Por eso mirar a fondo el mar es cerrojo

sagrado. Esperar ilusos la araña

que muere ante nuestros pies

augurando mayor vida, delectación, destilación

de purezas perdidas.

♦♦♦

 

Pluma densa y bailable y

ya jamás. Cumple cincuenta.

Ahora anuncios de inesperadas

muertes puerto exigen.

Ahora, justo ahora, me cuenta Raúl

Orlando que Cuco ha muerto.

¿Que qué? Sí, Rubén Velázquez, alias

“Cuco”, espiritista y santero, de repente

se sintió mal del corazón y

se nos fue. ¿Cuándo? Hace unas

semanas. ¿Pero cuándo? A principios

de diciembre. Nadie se acuerda del efugio.

También se nos fueron el meticuloso Juan

Nieves Mora y, tras él o antes de él,

Efraín Ramírez ya no leerá libros frente al mar

a altas horas de la noche.

Debieron ser las fuertes lluvias, los cuasi

huracanados vientos de diciembre

los culpables. Desmemorias de este Atlántico

rebelde sin causa como Rubén

con santos, soledad y desenlace

regalándome migas de la infancia

ante un balcón Calle Caribe

cuyos reflejos son arrugas y son barcos.

Pero se entrega de nuevo al ritual. Cumpleaños

feliz como tocar cima o lamer

con la mirada vela que arda

para siempre. Ver claro

tan claro que nada tenga sombra ni supure

sospechas la miasma que acelera

nuestro afán de vivir para contar

las incertidumbres y los nudos.

Límites y ritos, escondrijos y escombros

al son de “que los cumplas feliz”,

eso somos. Víspera de parpadeantes

pies camino a hogueras. Eso.

Música, ofrendas, fulgor.

Habrá derroches quebradizos en la contienda

de seguir viviendo. Así de fácil

el flechazo en la sombra.

Lo incognoscible la propia carne

que se encumbra. Visible la voz Benny Moré

ante el umbral de una Singer 1911.

 Allí otro hallazgo de hongos

sobre la caoba, sobre los acentos y antigüedades

de la cueva que ahora suda amigos

que llegan plateados por la luna

cuando al oscuro curso los silencios.

Por lo pronto el porvenir

se conmueve. No ataca al que cumple

cincuenta. Así se explican las manchas

de tinta en su interior. Pez contra secretas ruinas.

Cumplir es batallar y la batalla deletreo

que consume y la consumación la espuma eterna

de luminosos puntos ciegos

anclando en nuestros genitales.

♦♦♦

No es fácil la vida pero queremos

rescoldo e impermanencia y abotonado

origen. Soplar y vencer. Dejar de ser

remoto rumor, ignorada espesura.

Los comensales ríen; alzan las copas.

El metro ochenta junto a sus muros

sonríe, tiembla, petrifica. No es que vaya

a anclarse en lo flotante oscuro.

No. Es otra elevación lo presentido.

El hielo no puede fustigar

su empecinamiento de caribeño

en flor. ¡Vaya flor de la edad! Primicia

grisácea entre el cuero cabelludo y las tiernas,

húmedas muertes que destila su sombra.

Demolición muda mientras los fiesteros

recorren el patio. Contemplan

naranjas, guayabas, la todo-

poderosa luna en la invasión que vuelve

oblicuo al que agasajan.

Toda errancia encendida.

 

No teman. Más porfiados el abismo,

la guerra en Irak, el panópticon

de la era del 2do. Bush. Pero la insurrección

de esta vertiente inconclusa

nadie la detendrá aunque el agasajado

sea colapso y muera. Total

nadie dijo que viviría para siempre

ni que sería matusalénico su hechizo.

♦♦♦

 

Glosa de identidad

Todo el misterio ancla en tu columna vertebral.

Inaugura conmovedora cacería.

Escribo sombras de luz. Tu cabellera

sea cadena de cada espuma y cálculo y colindancia

de extinción. Que de alguna forma

tendrás que parecerte a la raíz

que vaya a pactar con tus pezones.

Que en tu transgresión corrija el huracán

mi vocación de desmesura y al nadar

te eleves por la vela que llegó a la bruma

del espejo en ruinas.

Tafanario cuya singladura es mar

con su aupado escándalo por cielo.

♦♦♦

 

Prosa del octavo día

No quería ensombrecer la quimera de tanta sílaba escapada. Destilaba su interior el zumo de un deseo: poseer el alado vocerío.

Se puso a construir jaulas transparentes con el fin de ser el guardián de esa magia. Logró atrapar de algunas su ademán, su desafío. Lucían altivos colores inefables como gallitos de pelea. Su cuerpo continuaba atado a su vacío.

 

Con el tiempo notó que las cautivas nunca hablaban. No salía una sola vocal como luciérnaga a reencontrarse con la razón de su ser encendido.

 

Una noche de rayos y centellas se percató, entre el asombro de que hubiera vuelto la luz, que de las sílabas a mayor distancia de las jaulas en que había convertido su vida, salían vocales como breves lunas de un planeta babélico.

Enmudecido por la visión, decidió que, si quería seguir vivo, tenía que liberar las sílabas de las cárceles de aire en que se amortiguaban.

Abrió todas las puertas. Las sílabas salían parecidas a murciélagos en el atardecer. El aire ungido en la maniobra chiaroscura de sus ala

Cuando todas fueron un círculo en la indescriptible altura, sintió que volvía a nacer. Palpó en su cuerpo la grata imperfección de ser un jardín luminoso compuesto de billones de células parlantes.

♦♦♦

Entrañable cárcel

Inconfesables sílabas han llegado a la casa. No han tocado la puerta. El reflejo de sus células se ha disfrazado de brisa al rozar las ventanas. Recorren la casa. Toman lo que he borrado. Comen lo que he abolido. Respiran el ardor que alguna vez viví tal dinastía de Ixión. Piensan como yo que el mundo es una selva de centauros, que más allá de malabarismos mediáticos hay que cambiarlo. Damos vueltas y vueltas por la casa sin saber cómo llegar a ese objetivo. Pasamos de tal forma inabarcables horas. La inquietud de las cortinas presagia que otras sílabas pronto invadirán. Vuelvan recorridos, cifras, sombras de palabras que, atadas a una gran rueda, intenten descubrir si es alguien o nadie el que goza prisión al detenerlas.

♦♦♦

Surcando abril

Volvíamos de gira por un sábado

sonámbulo sumido en lluvia. Momento

cumbre la subasta del atril

en que leyera el poeta

de la antología inhallable.

 

Por aquí pasó el porvenir

y no nos dimos cuenta.

Sólo tus ojos cual relámpagos

reescribiendo el paisaje.

Sólo tu boca temblor

de hogueras. El manjar de truenos

que pensaba reservado para mí.

♦♦♦

 

Torneo contra la crisis

Todo llega al hueso sacro.

Aureola del recién nacido

atardecer.  Capa de polvo

del Sahara. Pájaros asmáticos

sobre el tragaluz de la antesala.

Breve fracaso de tiempo. Se hunden

las maniobras del país

en que follara la agricultura

moribunda con la infiel economía.

Aquí no se recicla nada.

El atardecer contempla vertedero.

Pero más allá del descalabro

la partida presagia su infinito.

Le encantaría al asediado jugador

que lo bello y sublime del paisaje

diera mate a la fealdad de la quiebra.

♦♦♦

 

Selfie a ciegas

 Sucede con frecuencia: un aluvión

de vahídos entumece la inquietud

de las hojas.

Es otoño el que escribe

porque se atrasa el tiempo

y uno espera lo imposible.

Bruma desigual el desencuentro.

La antigua noción de no

poder ver nunca como ayer.

♦♦♦

 Selfie sonámbula

Recuerdos tu cuerpo. El cuerpo de algún

lugar indescifrada ruina.

Luego una fuente el desamor. Quién

sabe si un desorientado halcón

subleva sombras por las ramas.

Mientras tanto la garganta envejece

fermenta su lluvia. Amanece relámpago

la sílaba que pudo ser. Truenos

lamen las invictas ingles.

Sólo el tiempo sabe navegar la tentación.

♣♣♣

 

Pedro López Adorno (1954). Puertorriqueño. Doctor en Filosofía y Letras de New York University (1982). Como poeta ha publicado los siguientes libros: Hacia el poema invisible (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1981); Las glorias de su ruina (Madrid: Playor, 1988); País llamado cuerpo (Lima: Editorial Lluvia, 1991); Los oficios (Sevilla: La Cuerda del Arco, 1991); Concierto para desobedientes (Río Piedras: Editorial Plaza Mayor, 1996); El gran olvido (plaquette) (Barcelona: Café Central, 1996); Cumpleaños-Poema/plaquette (Nueva York: La Candelaria #10, 1998); Viajes del cautivo (Xalapa: Editorial Graffiti, 1998); Rapto continuo (San Juan/Nueva York: Ediciones Babel, 1999)- edición limitada de 150 ejemplares cuyos 78 poemas representan un tarot poético; incluye caja de madera (obra del artesano puertorriqueño, Hipólito Figueroa) e ilustraciones de la grabadora puertorriqueña, Consuelo Gotay; Arte de cenizas/Poesía escogida: 1991-1999 (San Juan: Instituto de Cultura, 2004); y Opera ardiente (San Juan: Terranova Editores, 2009). Próximamente aparecerá en Caracas su poemario, Subversión del que surgía, bajo el sello de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. Aparece antologado en Nueva poesía latinoamericana (México: UNAM, 1999); Una gravedad alegre. Antología de la poesía latinoamericana al siglo XXI (Valladolid: Editorial Difácil, 2007); Puerto Rican Poetry: An Anthology from Aboriginal to Contemporary Times (Boston: University of Massachusetts Press, 2007); Jinetes del aire. Latinoamérica y El Caribe Poesía contemporánea (Ecuador/México: Mayor Books, 2008); Vapor transatlántico (México/Lima: UNMSM, 2008) y Yunaites. Poesía en español en los Estados Unidos (Brasil: Lummer Editor, 2014), entre otras. 

Se desempeñó como catedrático de literatura de 1980 hasta el 2012.

 

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